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Hoy: May 25, 2013

Biofacto II, Exégesis: Capítulo 10 [parte 3] —EDITADO—

lebensbornii.jpg

Esta semana Me Gusta Escribir está en mantenimiento... por lo que tras esperar un poco a que vuelva a funcionar el sitio me he decidido a publicar la ultima parte del capítulo 10 aquí mismo. Vega sigue leyendo el trabajo de investigación del padre de Alino y descubre lo que su viejo amigo pensaba que era un plan de contingencia contra la colonización... claro que muy al estilo del siglo XX. Espero lo disfruten...

 

Biofacto II, Exégesis: Capítulo 10 | Lebensborn II [parte 3]

 

*       *       *


LEBENSBORN:


Desde que caminamos por esta tierra, la discriminación racial ha sido una constante. Comenzando los tiempos en que se medía el ancho de la nariz y el largo de los dedos de las manos para “clasificar” a los hombres hasta nuestros días no se han visto muchos cambios. Todos los argumentos esgrimidos por aquellos que creen ver una superioridad o inferioridad implícita según la raza caen ante la lógica y la ciencia. Aun así seguimos cayendo en los mismos errores… porque es algo que llevamos dentro, un problema que parece difícil, lleguemos a superar. Al fin y al cabo es humano discriminar… en el estricto sentido de la palabra, ya que hablamos del acto de clasificar y ordenar; lo que sea.


Por supuesto, tanto si decimos que una etnia es inferior como si nos proclamamos parte de otra superior, estamos dejando de lado la selección racional para aplicar parámetros que diferenciarían al hombre. Algunos conceptos son medianamente aceptados (aunque erróneos) como que los blancos no corren tan rápido como los de color… claro que si observamos la capacidad para soportar climas helados notaremos que los habitantes nativos de las tierras polares llevan una severa ventaja por sobre cualquier desprevenido que en este momento se encuentre acostado en una playa en la que haya nacido. De este modo también estamos discriminando, pero estamos postulando que, a raíz del medio que le es natural, un hombre puede estar más o menos preparado para relacionarse con otro medio, sobre todo si es en extremo diferente.


Hasta aquí, más o menos, nos entendemos. Pero cuando hablamos del proyecto Lebensborn hace falta estar muy dispuesto a encontrar un significado oculto para no descartarlo por obsceno. Sería muy fácil tacharlo de locura absoluta y, quizás, haya algo de intencional en ello.


Lo cierto es que el proyecto comenzó a idearse en 1935, bajo la dirección de —otra vez— Heinrich Himmler. El objetivo era reproducir arios puros, como si de criaderos se tratasen esas casas donde mujeres, bajo tutela del estado, se ofrecían como madres de los niños de la “raza superior”. En el contexto, uno debe comprender que estas muchachas se veían tentadas a unirse al experimento. Poseerían una educación completa, vivienda y el abrazo del estado para criar a sus hijos, muchos de los cuales jamás conocerían a su padre, madre o ninguno de ellos. Este proyecto, que en un primer momento se ideó para asistir a las mujeres de los oficiales de las SS, terminó por expandirse hacia los territorios ocupados al norte y oeste de Alemania. De esta manera, no solo los hijos de los SS con extranjeras catalogables como “arias” eran enviados a Alemania, sino que también se supo de infinidad de secuestros de pequeños que cumplían con los requisitos del plan.


Hasta aquí, la historia conocida, lo que algunos conocemos como Lebensborn. Pero resulta que —como documento en las más de cien fojas que siguen— no era casualidad que Himmler estuviera también mezclado en estos temas. Algunos documentos —lamentablemente incompletos— de 1934 insinúan que es necesario hacer algo al respecto por lo “descubierto por los miembros de Vril y Thule” y que se recomienda una “precisa investigación de las líneas sanguíneas, aplicando el desarrollo del trabajo de Gregor Mendel”.


Y estamos hablando de genética. Gregor Mendel fue un monje austríaco que en 1866 publicó un trabajo que incluía las ya famosas “Leyes de Mendel”: principio de la uniformidad, principio de la segregación y principio de la combinación independiente.
Sus experimentos fueron sencillos aunque decisivos. Al cruzar guisantes de semillas amarillas con guisantes de semillas verdes obtuvo plantas que solo daban semillas amarillas. Al repetir el experimento concluyó que en los genes existen caracteres dominantes y recesivos, siendo estos últimos los que se anulan ante una combinación.


No soy genetista ni biólogo pero, consultando con algunos especialistas, llegué a la conclusión de que si bien estaba en pañales, la genética de los años treinta alcanzaba como para dar una mínima idea a los nazis acerca de los resultados esperables de un plan como el que estamos tratando. Estamos, claro, de acuerdo en lo errado del método, sobre todo por aquello de que con una cantidad limitada de genes para reproducirse, los objetos pierden calidad, no la ganan. Y estamos de acuerdo en que pisotearon cualquier principio moral y ético que les pudiera haber quedado. Pero los documentos sugieren algo siniestro que, de no ser por mis investigaciones relacionadas a los trabajos americanos al respecto, hubiera descartado sin dudarlo.


El proyecto Lebensborn ocultaba un fin increíble, pero real. De alguna manera —probablemente a través de la orden del Vril—, los Nazis hicieron contacto con una inteligencia foránea, que no sería la misma que tiene planeada la colonización. Estos seres, sean quienes fueran, advirtieron sobre los planes de quienes nos acechan y dejaron un par de claves al respecto… la primordial, que somos esclavos prefabricados de alguien más. Así nació el hombre y ese es su destino, a no ser que encontremos la manera de evitarlo.


El Tercer Reich lo vio bastante claro. Los objetivos de dominación mundial nunca se esfumaron, siquiera ante semejante panorama. Todo lo contrario… Himmler pensó que era una oportunidad inigualable de quedarse con todo. Si lograban rescatar la raza aria, la cual ellos creían lo suficientemente superior como para soportar el embate genético del colonizador, serían los herederos del planeta, tras echar a los invasores.


Así, Lebensborn se convirtió —además de todo lo expuesto— en una suerte de seguro de permanencia para ese reinado de mil años. Cuando las altas cúpulas del partido Nazi hablaban de los jóvenes del mañana al mando de “Germania” se referían a un escenario inevitable y post-apocalíptico en el que los Kinder der Zukunft serían los últimos hombres capaces de tomar el poder y reconstruir la sociedad. El gran plan de contingencia de Himmler, sus niños dorados.


*       *       *

Vega encendió un cigarrillo, se rascó la cabeza y llevó la mirada al techo. Tras todos esos años seguía pensando que su amigo había perdido el norte. Y sin embargo estaba obligado a creerle, era él y no otro quien había visto la sangre espesa de esos tipos muy poco humanos. Eran el motivo por el cual se guarecía en un sótano, protegido por un par de agentes de inteligencia extranjeros.


Iremos hasta las estrellas por el camino duro, se dijo antes de meter los dedos entre la pila de documentos que iba a revisar.

 

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