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Hoy: May 18, 2013

Biofacto II, Exégesis: Capítulo 15 (completo) —EDITADO—

15.f.jpg

Bien, debido a problemas en el blog de Me Gusta Escribir es que esta semana (y tras varios intentos) publico la segunda parte del capítulo 15 de Biofacto II, Exégesis. De hecho, al no haber publicado aquí aún la primera es que les comparto el Capítulo completo. Hablando del mismo, nos encontramos en un momento de mucha acción y novedades dentro de la historia. Eva no termina de cerrar dentro dle contexto, al menos para Laina, que desconfía poco menos que de su sombra mientras intenta imaginar que es lo que va a hacer para ayudar a Alino, inmerso por estos días en un estado comatoso.

No les cuento mucho más porque lo importante es descubrir paso a paso lo que sucede. Eso si, al fin les dejo el capítulo 15 "Tiempo perdido" y sus wallpapers.

 

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Biofacto II | Exégesis

Capítulo 15: Tiempo perdido

Un hilo de sangre brotó desde la mitad de la frente de Laina, encontró cauce por uno de los lados de la nariz y fue a parar a los labios, que temblaban en un espasmo febril.
Eva le hablaba, podía afirmarlo porque le veía mover los labios, pero el sonido, las palabras, no llegaban. Todo se sucedía en un instante en el que sentía ahogarse en una piscina de irrealidad. Hasta que llegó ese dolor punzante en la frente.
—Te has golpeado la cabeza, ¿estás bien? ¡Laina!
Eva se volvió hacia la puerta de la caja del camión. Alino seguía inmóvil, las amarras habían soportado la frenada. Freeze seguía inconsciente, o sollozaba, o ambas cosas. Gemidos casi imperceptibles tras los disparos, detonaciones que partían de la cabina del chofer y daban en algo metálico. Algo que aún no respondía al fuego.

*       *       *

—Que… ¿qué sucede? —Laina se llevaba los dedos de la mano derecha, temblorosos, a la frente.
—Nos han sacado del camino.
Laina notó como rebotaban de un lado al otro, entonces gateó hasta abrazar a Alino.
—Han frenado de pronto y escuché unos disparos —agregó Eva—, luego viramos y creo que vamos por un camino de tierra.
—Vamos rápido… entonces nos siguen.
Eva asintió mientras tomaba la pistola por el cañón para agitarla frente a Laina.
—Quédatela, tengo otra.
—¿De pronto confías en mí?
—No, pero puedes ser útil si sabes manejarla.


*       *       *

—¡Ahí están! ¡A la derecha!
Los gritos llegaban desde la cabina del camión, justo antes de otro brusco viraje, un cambio de dirección que les llevaba hacia la izquierda. Y ya no parecía ser por sobre un camino. Los saltos eran demasiado violentos y las ramas chirriando sobre los laterales del camión hablaban de un improvisado sendero entre los pinos.
—¡Ahora sí! —Laina pasaba por sobre Alino de un salto— ¡Nos disparan!
—El Serpo está herido —Eva esquivó la mirada de Laina—. No preguntes como pero lo sé.
—¿Y este idiota? —Laina señalaba a Freeze, aún inconsciente. Claro que sabía que nunca le daría un arma y mucho menos le confiaría la vida, no después de lo que había hecho. No importaba si decidía morir, desaparecer o pedir disculpas; Freeze era poco menos que un blanco. Como ella en ese mismo instante.
—Mejor te calmas Laina —Eva hablaba de pronto con un tono grave, algo gutural—. Nada os sucederá mientras podamos evitarlo.
—De qué… —Laina cerraba el puño izquierdo entre las piernas, la tensión comenzaba a doblarle el estómago, otra vez— ¿De qué hablas?
—Cierra los ojos Laina, no queremos que te afecte el resplandor.

*       *       *

Los párpados no alcanzaban para cubrir los ojos de ese resplandor irreal. Laina se llevó el brazo derecho al rostro mientras mantenía el arma apuntando al piso. Todo lo que podía hacer era escuchar, primero como Avi aminoraba la marcha mientras gritaba algunas cosas en alemán. Después una frenada sobre suelo pedregoso seguida de silencio; oscuro y tenso silencio.
Pasaron unos minutos hasta que, con lentitud, retiró el brazo que le cubría los ojos. Alino estaba allí, tan inerte como antes, casi como Freeze que —de hecho— babeaba espuma blanca muy cerca de su rodilla; con el rostro empotrado en las canaletas del piso de metal. Un poco más allá la puerta de la caja se mostraba apenas arrimada. Por ella se filtraba una luz blanquecina, no tan potente como la anterior, pero igual de etérea.
¿Qué haces ahí fuera Eva?, se dijo Laina mientras revisaba el cargador. Tres balas eran mejor que nada pero menos que lo ideal, mucho menos. Será mejor salir despacio, rumió, mientras se movía hacia la puerta.


*       *       *

El resplandor venía de la parte delantera del transporte y allí, del lado de la caja, no había nadie. Laina puso pie por pie sobre la tierra húmeda y pedregosa del claro en el que se habían detenido.
Todo rodeado por enormes pinos, pero un claro al fin… espero que podamos salir rápido de aquí, pensó, antes de notar unas sombras que se proyectaban a los costados.
La muchacha tomó la pistola con ambas manos y dio unos pasos hasta el borde de la puerta por la que había salido. Entonces, muy despacio, se asomó lo suficiente como para mirar, apenas con un ojo, que era lo que sucedía.
—Pero qué demonios…


*       *       *

Solo alcanzaba a diferenciar figuras, recortadas de esa luz blanca, como de un flash que no se apagaba pero tampoco dañaba la vista. Sobre la izquierda Eva, inconfundible la melena y su cuerpo menudo, sobre la derecha dos bultos más altos y estáticos… seguramente Hildebrandt y el serpo. Los tres parecían mirar adelante, hacia la luminaria, sobre la que se movían otras figuras, unas que le sacaban —como mínimo— una cabeza de altura al hombre de gris. Uno, dos, tres… quienes fueran se movían hacia Eva y parecían conversar con ella.
—Una bala para cada uno, de ella me encargo a los golpes, como merece —se dijo Laina en un susurro que apenas traspasaba los labios entreabiertos.
Un paso… dos, muy despacio. Tres y ya tomaba coraje de la nada, para el cuarto salía del reparo del camión con el arma precediendo su avance hacia quienes fueran que les habían detenido.

*       *       *

Fue un instante, o podría haber sido una hora. Laina recordaba haber apuntado al más cercano de esos tipos altos y rubios, de ojos grandes e inexpresivos. Recordaba una discusión y otro de esos seres moviéndose a una velocidad imposible para quitarle el arma y rodearle el cuello con su propio brazo derecho. Todo en un segundo, o menos, o más… es que algo en el tiempo funcionaba distinto, casi como si corriera en lateral.
Ahora se notaba suspendida, atrapada en un paréntesis a un par de metros del suelo. Solo los ojos, quería mover la cabeza al menos ya que brazos y piernas no respondían, pero solo alcanzaba a mover los ojos. Tampoco gritar o emitir sonido, esa parálisis era casi tan tremenda como ver a Eva señalando la parte trasera del camión. Avi y el serpo se mantenían también quietos, callados, a su derecha y un poco por debajo. Por lo visto tampoco disponían de sus cuerpos, pero con los pies en la tierra.
Los tipos altos asintieron y Laina temió lo peor cuando les vio caminar hacia el transporte y entrar en la caja. Entonces un gemido profundo, tan terrible que supo que no volvería a ser la misma. Ya no importaba si lograban salir de esa situación, imaginar lo que podían estar haciéndole a Alino le quemaba por dentro dejando marcas que no iban a sanar, como todas las demás. Y siquiera podía gritar.

 

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS BAJO LICENCIA SAFE CREATIVE . 27/02/2013

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Los Wallpapers:

15.f.jpg15a2c.jpg15ac.jpg

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